martes, 26 de junio de 2012
No entiendo
No entiendo los sueños. No entiendo esa fina línea que separa la realidad de la ficción. No entiendo por qué las mejores ideas vienen siempre en la cama, justo cuando vas a cerrar los ojos. No entiendo por qué no tenía un boli y una libreta en la mesilla para apuntarlas, al menos hasta ayer.
No entiendo la ignorancia, y menos la gente que presume de ella. Como aquel que pregona orgulloso a las cuatro vientos que jamás ha tocado un libro. No entiendo por qué la masa tiene tanto poder. De hecho tampoco entiendo las grandes aglomeraciones de gente. Me agobian. Igual eso es lo que pretenden. No entiendo los nacionalismos. Ni el patrioterismo o chauvinismo. No entiendo por qué hay que sentirse identificado con una nación, por qué miran raro al que no lo está. Como tampoco entiendo que se llame facha a todo aquel que porta una bandera bicolor sin el aguilucho. No entiendo los extremos, unos extremos que casi siempre se tocan.
No entiendo a esos que llevan gafas sin graduar. Menos si encima son gafapastas. No entiendo la hipocresía. Ni esos tweets que denuncian las desigualdades sociales vía iPhone. No entiendo a los pesimistas, ni a esos bordes sin sentido del humor, que parece que llevan su nube lluviosa particular siempre encima. Sonríe a la vida. No entiendo lo de ser egoista y poder convivir todavía contigo mismo. Tampoco entiendo los jerseys color butano, ni los pantalones pirata a media pantorrilla, pero esa es otra historia.
No entiendo a esos que viven enganchados al Whatsapp, quizás porque no tengo. Aunque sí tengo Twitter y estoy enganchado. No entiendo a los que van escuchando música por la calle, con lo bonito que es escuchar y diferenciar los sonidos de la ciudad. No entiendo las portadas en que la foto cobra más importancia que los titulares. Eso es sensacionalismo. No entiendo ese periodismo en el que el referente es Tomás Roncero y no Enric González. O Truman Capote. No entiendo por qué me quiero meter en este mundillo, pero me atrae demasiado. Como tampoco entiendo nada de muchas de las asignaturas de mi carrera, pero saco notables.
No entiendo qué me quiere decir Dios. Falla la cobertura allá arriba, necesito alguien más cercano. Tampoco entiendo al que confía en la suerte. Siempre he sido más de confiar en mí mismo. No entiendo qué hace ese personaje en la Moncloa, a dónde nos lleva, qué pretende hacer con nosotros. Tampoco entiendo por qué Merkel celebra así los goles contra Grecia. No entiendo este sistema capitalista, no porque no conozca en qué consiste, sino porque no me cabe en la cabeza un sistema tan retorcido y simple a la vez en el que siempre salen perjudicados los de siempre.
No entiendo por qué esa chica sonríe cuando la miro. O por qué no lo hace. No entiendo que no entiendas. No entiendo por qué no entiendo.
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