miércoles, 20 de febrero de 2013

Filtrando la Operación Puerto


Paradójicamente, lo menos importante del juicio de la Operación Puerto es el propio juicio de la Operación Puerto. La razón se ha repetido hasta la saciedad en las últimas semanas: El dopaje no era delito en España en 2006 y lo que se juzga es un posible delito contra la salud pública. De este modo, los temas propiamente deportivos y relacionados con el doping, son de casi nula importancia para el juicio, al menos según la consideración de la juez del caso. Al igual que la famosa lista de clientes de Eufemiano Fuentes, quien por esa razón tiene más valor “vivito y coleando”.

¿Judicialmente se debería conocer esa lista? Digo yo que sí. Al fin y al cabo, los clientes de Eufemiano podrían corroborar o no que sufrieron daños en su organismo tras la administración de esos medicamentos. O para conocer los ingresos que tenía el grupo de Eufemiano mediante estas prácticas, ya que gratis precisamente no trabajaba, y sus ganancias están en cualquier sitio menos declaradas a Hacienda. Pero bueno, para juzgar todo esto sería necesario otro juicio, y conociendo las andanzas y aventuras de la justicia española, hasta dentro de una década se daría carpetazo al asunto.

Así que, de momento hay conformarse con cuestiones técnicas sobre si era seguro el transporte de la sangre en cartones de vino y cajas de cartón, si las transfusiones realizados en cuchitriles eran higiénicas, si las bolsas de medio litro de sangre eran para simples análisis o si Manzano era cocainómano. Todo en orden.

En cuanto a las declaraciones de ciclistas, siempre como testigos, solo se ha podido sacar alguna cosa en claro de los que ya se conocía. Ciclistas dopados que ya habían confesado, en mayor o menor medida, como Manzano, Hamilton y Jaksche. Del resto, muchas medias verdades, nulas certezas y alguna que otra mentira interesada no castigada, por lo visto, con el delito de perjurio.

Sin tener en cuenta los continuos problemas técnicos con las vídeoconferencias “Marca España” o alguna declaración más dignas de un monólogo de humor que de un juicio, la visión de los medios extranjeros continúa siendo que España es un paraíso para los tramposos del deporte. Pese a los intentos de más de uno de colocar al país como adalid de la lucha contra el dopaje, en el momento que se produjeron las primeras detenciones hace casi 7 años, y, sorprendentemente, también ahora mismo, por más que resulte incomprensible.

El mayor mérito del juicio de la Operación Puerto es que ha colocado al dopaje “español” (al que califico así porque provenía de España, no porque sus usuarios fueran exclusivamente connacionales), en la primera plana de la actualidad. Esto tiene el inconveniente, que, como suele ocurrir en estos casos, han aparecido expertos en administración de EPO y factores de crecimiento, legisladores de sustancias dopantes en el deporte o enterados del ciclismo que lo más cerca que han tenido unos pedales en su vida han sido los que se cogen cada sábado noche.

Al menos gracias al juicio, la Operación Puerto y el dopaje han pasado a la primera plana de la prensa mundial y de la española. Sí, esa prensa patria que durante casi 7 años se ha mostrado tan cauta, demasiado cauta, interesadamente cauta, incluso, con toda la información que tenía relación con el dopaje en España y con la Operación Puerto. Esa prensa

Por ello, duele leer ahora en grandes medios cómo es considerada noticia de máximo alcance y gran novedad, que el ciclismo no era el único deporte implicado. Que era el más numeroso, sí, pero que fue usado como cabeza de turco por autoridades y periodistas para tapar otras cosas, también. Claro, era mejor apartar a ese deporte “de yonkis” para que no contaminara a los demás.

Claro, ya no es “MARTA LIMPIA” a toda portada. Es Urco. Es RSOC, pero no otros equipos de fútbol, que no conviene que se manchen. Es Luis León Sánchez, cuyo nombre había sido ocultado sistemáticamente, pese a que era un secreto a voces quién era “Huerta”, y ahora se encuentra suspendido por su equipo. O es Alberto Contador, un positivo y un solomillo después, y tras correr para Liberty, Astana o el Saxo de Riis, continúa siendo inocente. Y lo peor es que todo esto ya se sabía, ya estaba presente en papeles publicados desde hace años. Pero no interesaba que saliera a la luz, al conocimiento de la gran masa, en plena mal llamada “edad de oro del deporte español”.

Por otra parte, es indignante la manera en la que se está filtrando información. Porque obviamente, los periodistas que tienen acceso al sumario, solo están publicando aquello que les interesa, muy masticado además. Un poco de “Cuentas ASTI” tras la salida de RSOC, un poco de Huerta después de que haya sido suspendido por su equipo o los diversos calendarios dopantes que han ido saliendo de ciclistas ya “caídos” como Hamilton, Santi Pérez o Bartoli. O Mario Cipollini, cuya implicación pareció desde el principio bastante obvia.

O si no, no se cuentan todos los detalles, o se pasa por encima de ellos. Como ese viaje relámpago del Phonak a Madrid para doparse en el que supuestamente participaron el director Álvaro Pino, más Hamilton, Pérez, Gutiérrez y Sevilla, todos marcados por la Operación Puerto. Un equipo por el que también pululaba un tal Óscar Pereiro, cuyos excepcionales resultados, mejor que los de los anteriormente citados, tuvieron lugar entre 2004 y 2006, con la consecución de ese Tour tras la descalificación de Landis. O que un médico que “pinchaba” a Hamilton está actualmente a sueldo del Katusha, equipo del campeón de la temporada 2012 Joaquím Rodríguez.

Pero bueno, el percal ya lo conocemos. Los periodistas extranjeros seguirán alucinando con las práxis locales y el sumario se seguirá filtrando en fascículos perfectamente calculados para no enguarrar a según que deportistas. Y el fútbol... Llegará un momento en que pasará esta “fiebre” de la Operación Puerto, y RSOC y el “resto”, además de todo y a todos los que conlleva detrás, serán simplemente un mal sueño para el deporte rey.

Porque no hay nada como tener poder. Y dinero. O la combinación de ambas. Si es que parece que al final la realeza siempre se salva.