El fracaso escolar en España ha descendido ostensiblemente desde el año 2007 hasta 2014. Sin embargo, este descenso no se ha notado apenas en la tasa de criminalidad juvenil (menores de edad condenados por cada 10.000 habitantes). Por Comunidades Autónomas, destaca la situación de las ciudades de Ceuta y Melilla, que por su especial situación social y económica todavía soporta una tasa de criminiladidad muy alta que quintuplica al resto de regiones españolas.
Backstage Periodístico
viernes, 27 de noviembre de 2015
¿Sin estudios y delincuente?
El fracaso escolar en España ha descendido ostensiblemente desde el año 2007 hasta 2014. Sin embargo, este descenso no se ha notado apenas en la tasa de criminalidad juvenil (menores de edad condenados por cada 10.000 habitantes). Por Comunidades Autónomas, destaca la situación de las ciudades de Ceuta y Melilla, que por su especial situación social y económica todavía soporta una tasa de criminiladidad muy alta que quintuplica al resto de regiones españolas.
miércoles, 20 de febrero de 2013
Filtrando la Operación Puerto
Paradójicamente, lo menos importante
del juicio de la Operación Puerto es el propio juicio de la
Operación Puerto. La razón se ha repetido hasta la saciedad en las
últimas semanas: El dopaje no era delito en España en 2006 y lo que
se juzga es un posible delito contra la salud pública. De este modo,
los temas propiamente deportivos y relacionados con el doping, son de
casi nula importancia para el juicio, al menos según la
consideración de la juez del caso. Al igual que la famosa lista de
clientes de Eufemiano Fuentes, quien por esa razón tiene más valor
“vivito y coleando”.
¿Judicialmente se debería conocer esa
lista? Digo yo que sí. Al fin y al cabo, los clientes de Eufemiano
podrían corroborar o no que sufrieron daños en su organismo tras la
administración de esos medicamentos. O para conocer los ingresos que
tenía el grupo de Eufemiano mediante estas prácticas, ya que gratis
precisamente no trabajaba, y sus ganancias están en cualquier sitio
menos declaradas a Hacienda. Pero bueno, para juzgar todo esto sería
necesario otro juicio, y conociendo las andanzas y aventuras de la
justicia española, hasta dentro de una década se daría carpetazo
al asunto.
Así que, de momento hay conformarse
con cuestiones técnicas sobre si era seguro el transporte de la
sangre en cartones de vino y cajas de cartón, si las transfusiones
realizados en cuchitriles eran higiénicas, si las bolsas de medio
litro de sangre eran para simples análisis o si Manzano era
cocainómano. Todo en orden.
En cuanto a las declaraciones de
ciclistas, siempre como testigos, solo se ha podido sacar alguna cosa
en claro de los que ya se conocía. Ciclistas dopados que ya habían
confesado, en mayor o menor medida, como Manzano, Hamilton y Jaksche.
Del resto, muchas medias verdades, nulas certezas y alguna que otra
mentira interesada no castigada, por lo visto, con el delito de
perjurio.
Sin tener en cuenta los continuos
problemas técnicos con las vídeoconferencias “Marca España” o
alguna declaración más dignas de un monólogo de humor que de un
juicio, la visión de los medios extranjeros continúa siendo que
España es un paraíso para los tramposos del deporte. Pese a los
intentos de más de uno de colocar al país como adalid de la lucha
contra el dopaje, en el momento que se produjeron las primeras
detenciones hace casi 7 años, y, sorprendentemente, también ahora
mismo, por más que resulte incomprensible.
El mayor mérito del juicio de la
Operación Puerto es que ha colocado al dopaje “español” (al que
califico así porque provenía de España, no porque sus usuarios
fueran exclusivamente connacionales), en la primera plana de la
actualidad. Esto tiene el inconveniente, que, como suele ocurrir en
estos casos, han aparecido expertos en administración de EPO y
factores de crecimiento, legisladores de sustancias dopantes en el
deporte o enterados del ciclismo que lo más cerca que han tenido
unos pedales en su vida han sido los que se cogen cada sábado noche.
Al menos gracias al juicio, la
Operación Puerto y el dopaje han pasado a la primera plana de la
prensa mundial y de la española. Sí, esa prensa patria que durante
casi 7 años se ha mostrado tan cauta, demasiado cauta,
interesadamente cauta, incluso, con toda la información que tenía
relación con el dopaje en España y con la Operación Puerto. Esa
prensa
Por ello, duele leer ahora en grandes
medios cómo es considerada noticia de máximo alcance y gran
novedad, que el ciclismo no era el único deporte implicado. Que era
el más numeroso, sí, pero que fue usado como cabeza de turco por
autoridades y periodistas para tapar otras cosas, también. Claro,
era mejor apartar a ese deporte “de yonkis” para que no
contaminara a los demás.
Claro, ya no es “MARTA LIMPIA” a
toda portada. Es Urco. Es RSOC, pero no otros equipos de fútbol, que
no conviene que se manchen. Es Luis León Sánchez, cuyo nombre había
sido ocultado sistemáticamente, pese a que era un secreto a voces
quién era “Huerta”, y ahora se encuentra suspendido por su
equipo. O es Alberto Contador, un positivo y un solomillo después, y
tras correr para Liberty, Astana o el Saxo de Riis, continúa siendo
inocente. Y lo peor es que todo esto ya se sabía, ya estaba presente
en papeles publicados desde hace años. Pero no interesaba que
saliera a la luz, al conocimiento de la gran masa, en plena mal
llamada “edad de oro del deporte español”.
Por otra parte, es indignante la manera
en la que se está filtrando información. Porque obviamente, los
periodistas que tienen acceso al sumario, solo están publicando
aquello que les interesa, muy masticado además. Un poco de “Cuentas
ASTI” tras la salida de RSOC, un poco de Huerta después de que
haya sido suspendido por su equipo o los diversos calendarios
dopantes que han ido saliendo de ciclistas ya “caídos” como
Hamilton, Santi Pérez o Bartoli. O Mario Cipollini, cuya implicación
pareció desde el principio bastante obvia.
O si no, no se cuentan todos los
detalles, o se pasa por encima de ellos. Como ese viaje relámpago
del Phonak a Madrid para doparse en el que supuestamente participaron
el director Álvaro Pino, más Hamilton, Pérez, Gutiérrez y
Sevilla, todos marcados por la Operación Puerto. Un equipo por el
que también pululaba un tal Óscar Pereiro, cuyos excepcionales
resultados, mejor que los de los anteriormente citados, tuvieron
lugar entre 2004 y 2006, con la consecución de ese Tour tras la
descalificación de Landis. O que un médico que “pinchaba” a
Hamilton está actualmente a sueldo del Katusha, equipo del campeón
de la temporada 2012 Joaquím Rodríguez.
Pero bueno, el percal ya lo conocemos.
Los periodistas extranjeros seguirán alucinando con las práxis
locales y el sumario se seguirá filtrando en fascículos
perfectamente calculados para no enguarrar a según que deportistas.
Y el fútbol... Llegará un momento en que pasará esta “fiebre”
de la Operación Puerto, y RSOC y el “resto”, además de todo y a
todos los que conlleva detrás, serán simplemente un mal sueño para
el deporte rey.
Porque no hay nada como tener poder. Y
dinero. O la combinación de ambas. Si es que parece que al final la
realeza siempre se salva.
martes, 3 de julio de 2012
Omertà periodística
Leer Gomorra es adentrarte en un mundo subterráneo que parece ideado por alguno de los mejores guionistas de cine. Varias historias con el factor común de la Camorra basadas, sin embargo, en la más cruda, al igual que desconocida y oscura, realidad.
La mayoría de las veces no hace falta inventarse nada, ni usar personajes fantásticos de otras épocas, para escribir una buena obra. Basta con poner la lupa sobre un punto de la realidad. Los hechos siempre superan a lo que cualquiera de nosotros se puede llegar a imaginar. Y el libro de Saviano, es un perfecto ejemplo de ello. El autor de origen napoletano se adentra hasta lo más hondo de la mafia de la Campania, esa que se asienta en los desolados y grises suburbios y pueblos de las afuera de la gran Napoli, mientras controla gran parte de la economía italiana y europea.
Trabajos de tal calidad periodística como el de Saviano son de los que adolecen los medios de comunicación hoy en día. Y precisamente esto, junto a otros factores como el económico, sea una de las causas de la honda crisis de identidad del periodismo.
En el periodismo hoy prima el sensacionalismo sobre la verdad, el markéting y las ventas sobre las buenas historias ocultas bajo esa montaña de intereses. Por una parte es lógico. Sin ventas no hay ingresos, y sin ingresos el medio es inviable. Pero, ¿dónde queda la esencia del periodismo?
En esa búsqueda de acaparar la máxima atención importan la magnitud de la noticia y la inmediatez. Como consecuencia, los textos pierden profundidad y perspectiva, y los datos numéricos, a veces irrelevantes y otras veces totalmente descontextualizados, adquieren máxima importancia al ser lo primero en lo que se fija el lector, a golpe de vista. La calidad periodística, por tanto, va en descenso. En esa búsqueda constante de la máxima actualidad, noticias de gran relevancia quedan eclipsadas por otras menores pero que acaban de salir a la luz. Y que en el periodismo prime tanto la actualidad sobre la relevancia parece peligroso.
Este tipo de periodismo que predomina hoy, al que se puede denominar "periodismo de masas", ya que es a la masa a quien va dirigido, permite ocultar fácilmente hechos que sí tienen una importancia capital para la sociedad. Ni a los gobiernos, ni a los propio medios de comunicación les interesa que salgan a la luz muchas de esas noticias. Ni siquiera a los propios lectores, que mayoritariamente, y por desgracia, prefieren leer solo aquello que quieren leer, y que en cierta manera, les deja buen sabor de boca tras "informarse". La proliferación del periodismo "con bufanda", tanto generalista (político) como deportivo, con inclinaciones tan fuertes hacia unos u otros sectores es el mejor ejemplo.
Resultado: Queda un halo de cierta, por no decir casi total ocultación de ciertas noticias. Se viene a la cabeza la revolución de los mineros en Asturias. Se podrá estar más o menos de acuerdo con ellos, pero que esta noticia de máxima relevancia apenas haya acaparado una portada, y además sensacionalista, es preocupante. O que en algún telediario haya tenido más minutos un certamen de cocina que los mineros asturianos.
También quedan en semioscuridad otras noticias que fueron actualidad y ocuparon numerosos programas y líneas en su día. El desastre de Haití, los piratas en Somalia, hambrunas en África... Sin embargo ya no son noticia. No son rabiosa actualidad. A pesar de que las cosas en esas zonas van igual o peor que entonces, ya no interesa que tengan difusión.
Así, el periodismo adolece cada vez más de una cierta omertà, un silencio interesado como el que tenían, y todavía tienen, algunos sectores de la sociedad y los medios de comunicación italianos respecto a la Camorra. Del mismo modo, los medios de comunicación filtran solo la información que les interesa, les viene bien y no les perjudica.
El resto, no interesa. Silencio. Omertà.
La mayoría de las veces no hace falta inventarse nada, ni usar personajes fantásticos de otras épocas, para escribir una buena obra. Basta con poner la lupa sobre un punto de la realidad. Los hechos siempre superan a lo que cualquiera de nosotros se puede llegar a imaginar. Y el libro de Saviano, es un perfecto ejemplo de ello. El autor de origen napoletano se adentra hasta lo más hondo de la mafia de la Campania, esa que se asienta en los desolados y grises suburbios y pueblos de las afuera de la gran Napoli, mientras controla gran parte de la economía italiana y europea.
Trabajos de tal calidad periodística como el de Saviano son de los que adolecen los medios de comunicación hoy en día. Y precisamente esto, junto a otros factores como el económico, sea una de las causas de la honda crisis de identidad del periodismo.
En el periodismo hoy prima el sensacionalismo sobre la verdad, el markéting y las ventas sobre las buenas historias ocultas bajo esa montaña de intereses. Por una parte es lógico. Sin ventas no hay ingresos, y sin ingresos el medio es inviable. Pero, ¿dónde queda la esencia del periodismo?
En esa búsqueda de acaparar la máxima atención importan la magnitud de la noticia y la inmediatez. Como consecuencia, los textos pierden profundidad y perspectiva, y los datos numéricos, a veces irrelevantes y otras veces totalmente descontextualizados, adquieren máxima importancia al ser lo primero en lo que se fija el lector, a golpe de vista. La calidad periodística, por tanto, va en descenso. En esa búsqueda constante de la máxima actualidad, noticias de gran relevancia quedan eclipsadas por otras menores pero que acaban de salir a la luz. Y que en el periodismo prime tanto la actualidad sobre la relevancia parece peligroso.
Este tipo de periodismo que predomina hoy, al que se puede denominar "periodismo de masas", ya que es a la masa a quien va dirigido, permite ocultar fácilmente hechos que sí tienen una importancia capital para la sociedad. Ni a los gobiernos, ni a los propio medios de comunicación les interesa que salgan a la luz muchas de esas noticias. Ni siquiera a los propios lectores, que mayoritariamente, y por desgracia, prefieren leer solo aquello que quieren leer, y que en cierta manera, les deja buen sabor de boca tras "informarse". La proliferación del periodismo "con bufanda", tanto generalista (político) como deportivo, con inclinaciones tan fuertes hacia unos u otros sectores es el mejor ejemplo.
Resultado: Queda un halo de cierta, por no decir casi total ocultación de ciertas noticias. Se viene a la cabeza la revolución de los mineros en Asturias. Se podrá estar más o menos de acuerdo con ellos, pero que esta noticia de máxima relevancia apenas haya acaparado una portada, y además sensacionalista, es preocupante. O que en algún telediario haya tenido más minutos un certamen de cocina que los mineros asturianos.
También quedan en semioscuridad otras noticias que fueron actualidad y ocuparon numerosos programas y líneas en su día. El desastre de Haití, los piratas en Somalia, hambrunas en África... Sin embargo ya no son noticia. No son rabiosa actualidad. A pesar de que las cosas en esas zonas van igual o peor que entonces, ya no interesa que tengan difusión.
Así, el periodismo adolece cada vez más de una cierta omertà, un silencio interesado como el que tenían, y todavía tienen, algunos sectores de la sociedad y los medios de comunicación italianos respecto a la Camorra. Del mismo modo, los medios de comunicación filtran solo la información que les interesa, les viene bien y no les perjudica.
El resto, no interesa. Silencio. Omertà.
martes, 26 de junio de 2012
No entiendo
No entiendo los sueños. No entiendo esa fina línea que separa la realidad de la ficción. No entiendo por qué las mejores ideas vienen siempre en la cama, justo cuando vas a cerrar los ojos. No entiendo por qué no tenía un boli y una libreta en la mesilla para apuntarlas, al menos hasta ayer.
No entiendo la ignorancia, y menos la gente que presume de ella. Como aquel que pregona orgulloso a las cuatro vientos que jamás ha tocado un libro. No entiendo por qué la masa tiene tanto poder. De hecho tampoco entiendo las grandes aglomeraciones de gente. Me agobian. Igual eso es lo que pretenden. No entiendo los nacionalismos. Ni el patrioterismo o chauvinismo. No entiendo por qué hay que sentirse identificado con una nación, por qué miran raro al que no lo está. Como tampoco entiendo que se llame facha a todo aquel que porta una bandera bicolor sin el aguilucho. No entiendo los extremos, unos extremos que casi siempre se tocan.
No entiendo a esos que llevan gafas sin graduar. Menos si encima son gafapastas. No entiendo la hipocresía. Ni esos tweets que denuncian las desigualdades sociales vía iPhone. No entiendo a los pesimistas, ni a esos bordes sin sentido del humor, que parece que llevan su nube lluviosa particular siempre encima. Sonríe a la vida. No entiendo lo de ser egoista y poder convivir todavía contigo mismo. Tampoco entiendo los jerseys color butano, ni los pantalones pirata a media pantorrilla, pero esa es otra historia.
No entiendo a esos que viven enganchados al Whatsapp, quizás porque no tengo. Aunque sí tengo Twitter y estoy enganchado. No entiendo a los que van escuchando música por la calle, con lo bonito que es escuchar y diferenciar los sonidos de la ciudad. No entiendo las portadas en que la foto cobra más importancia que los titulares. Eso es sensacionalismo. No entiendo ese periodismo en el que el referente es Tomás Roncero y no Enric González. O Truman Capote. No entiendo por qué me quiero meter en este mundillo, pero me atrae demasiado. Como tampoco entiendo nada de muchas de las asignaturas de mi carrera, pero saco notables.
No entiendo qué me quiere decir Dios. Falla la cobertura allá arriba, necesito alguien más cercano. Tampoco entiendo al que confía en la suerte. Siempre he sido más de confiar en mí mismo. No entiendo qué hace ese personaje en la Moncloa, a dónde nos lleva, qué pretende hacer con nosotros. Tampoco entiendo por qué Merkel celebra así los goles contra Grecia. No entiendo este sistema capitalista, no porque no conozca en qué consiste, sino porque no me cabe en la cabeza un sistema tan retorcido y simple a la vez en el que siempre salen perjudicados los de siempre.
No entiendo por qué esa chica sonríe cuando la miro. O por qué no lo hace. No entiendo que no entiendas. No entiendo por qué no entiendo.
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