Paradójicamente, lo menos importante
del juicio de la Operación Puerto es el propio juicio de la
Operación Puerto. La razón se ha repetido hasta la saciedad en las
últimas semanas: El dopaje no era delito en España en 2006 y lo que
se juzga es un posible delito contra la salud pública. De este modo,
los temas propiamente deportivos y relacionados con el doping, son de
casi nula importancia para el juicio, al menos según la
consideración de la juez del caso. Al igual que la famosa lista de
clientes de Eufemiano Fuentes, quien por esa razón tiene más valor
“vivito y coleando”.
¿Judicialmente se debería conocer esa
lista? Digo yo que sí. Al fin y al cabo, los clientes de Eufemiano
podrían corroborar o no que sufrieron daños en su organismo tras la
administración de esos medicamentos. O para conocer los ingresos que
tenía el grupo de Eufemiano mediante estas prácticas, ya que gratis
precisamente no trabajaba, y sus ganancias están en cualquier sitio
menos declaradas a Hacienda. Pero bueno, para juzgar todo esto sería
necesario otro juicio, y conociendo las andanzas y aventuras de la
justicia española, hasta dentro de una década se daría carpetazo
al asunto.
Así que, de momento hay conformarse
con cuestiones técnicas sobre si era seguro el transporte de la
sangre en cartones de vino y cajas de cartón, si las transfusiones
realizados en cuchitriles eran higiénicas, si las bolsas de medio
litro de sangre eran para simples análisis o si Manzano era
cocainómano. Todo en orden.
En cuanto a las declaraciones de
ciclistas, siempre como testigos, solo se ha podido sacar alguna cosa
en claro de los que ya se conocía. Ciclistas dopados que ya habían
confesado, en mayor o menor medida, como Manzano, Hamilton y Jaksche.
Del resto, muchas medias verdades, nulas certezas y alguna que otra
mentira interesada no castigada, por lo visto, con el delito de
perjurio.
Sin tener en cuenta los continuos
problemas técnicos con las vídeoconferencias “Marca España” o
alguna declaración más dignas de un monólogo de humor que de un
juicio, la visión de los medios extranjeros continúa siendo que
España es un paraíso para los tramposos del deporte. Pese a los
intentos de más de uno de colocar al país como adalid de la lucha
contra el dopaje, en el momento que se produjeron las primeras
detenciones hace casi 7 años, y, sorprendentemente, también ahora
mismo, por más que resulte incomprensible.
El mayor mérito del juicio de la
Operación Puerto es que ha colocado al dopaje “español” (al que
califico así porque provenía de España, no porque sus usuarios
fueran exclusivamente connacionales), en la primera plana de la
actualidad. Esto tiene el inconveniente, que, como suele ocurrir en
estos casos, han aparecido expertos en administración de EPO y
factores de crecimiento, legisladores de sustancias dopantes en el
deporte o enterados del ciclismo que lo más cerca que han tenido
unos pedales en su vida han sido los que se cogen cada sábado noche.
Al menos gracias al juicio, la
Operación Puerto y el dopaje han pasado a la primera plana de la
prensa mundial y de la española. Sí, esa prensa patria que durante
casi 7 años se ha mostrado tan cauta, demasiado cauta,
interesadamente cauta, incluso, con toda la información que tenía
relación con el dopaje en España y con la Operación Puerto. Esa
prensa
Por ello, duele leer ahora en grandes
medios cómo es considerada noticia de máximo alcance y gran
novedad, que el ciclismo no era el único deporte implicado. Que era
el más numeroso, sí, pero que fue usado como cabeza de turco por
autoridades y periodistas para tapar otras cosas, también. Claro,
era mejor apartar a ese deporte “de yonkis” para que no
contaminara a los demás.
Claro, ya no es “MARTA LIMPIA” a
toda portada. Es Urco. Es RSOC, pero no otros equipos de fútbol, que
no conviene que se manchen. Es Luis León Sánchez, cuyo nombre había
sido ocultado sistemáticamente, pese a que era un secreto a voces
quién era “Huerta”, y ahora se encuentra suspendido por su
equipo. O es Alberto Contador, un positivo y un solomillo después, y
tras correr para Liberty, Astana o el Saxo de Riis, continúa siendo
inocente. Y lo peor es que todo esto ya se sabía, ya estaba presente
en papeles publicados desde hace años. Pero no interesaba que
saliera a la luz, al conocimiento de la gran masa, en plena mal
llamada “edad de oro del deporte español”.
Por otra parte, es indignante la manera
en la que se está filtrando información. Porque obviamente, los
periodistas que tienen acceso al sumario, solo están publicando
aquello que les interesa, muy masticado además. Un poco de “Cuentas
ASTI” tras la salida de RSOC, un poco de Huerta después de que
haya sido suspendido por su equipo o los diversos calendarios
dopantes que han ido saliendo de ciclistas ya “caídos” como
Hamilton, Santi Pérez o Bartoli. O Mario Cipollini, cuya implicación
pareció desde el principio bastante obvia.
O si no, no se cuentan todos los
detalles, o se pasa por encima de ellos. Como ese viaje relámpago
del Phonak a Madrid para doparse en el que supuestamente participaron
el director Álvaro Pino, más Hamilton, Pérez, Gutiérrez y
Sevilla, todos marcados por la Operación Puerto. Un equipo por el
que también pululaba un tal Óscar Pereiro, cuyos excepcionales
resultados, mejor que los de los anteriormente citados, tuvieron
lugar entre 2004 y 2006, con la consecución de ese Tour tras la
descalificación de Landis. O que un médico que “pinchaba” a
Hamilton está actualmente a sueldo del Katusha, equipo del campeón
de la temporada 2012 Joaquím Rodríguez.
Pero bueno, el percal ya lo conocemos.
Los periodistas extranjeros seguirán alucinando con las práxis
locales y el sumario se seguirá filtrando en fascículos
perfectamente calculados para no enguarrar a según que deportistas.
Y el fútbol... Llegará un momento en que pasará esta “fiebre”
de la Operación Puerto, y RSOC y el “resto”, además de todo y a
todos los que conlleva detrás, serán simplemente un mal sueño para
el deporte rey.
Porque no hay nada como tener poder. Y
dinero. O la combinación de ambas. Si es que parece que al final la
realeza siempre se salva.
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